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martes, 14 de febrero de 2012

Sin lugar a dudas


Abrir los ojos parecía el paso más difícil, hasta que traté de incorporarme. Inmediatamente, el dolor invadió mi cuerpo de la cabeza a los pies, obligándome a desistir. Una mujer de rostro severo, que se hallaba de pie a mi lado, negaba con la cabeza, mientras yo luchaba por evitar que me saltasen las lágrimas. Levantó la mano en la que llevaba el mando y al apretar un botón, la mitad superior de la cama se elevó hasta que asentí y ella dejó de pulsar, dejándome en una postura más o menos cómoda. Acto seguido, dio media vuelta y salió de la habitación, sin mediar una sola palabra. Menudo despertar, en una cama de hospital, con una pierna escayolada, contusiones por todo el cuerpo y un chichón del tamaño de una pelota de golf en plena frente y sin saber a ciencia cierta cómo había llegado hasta allí. Carmen me observaba desde un rincón, con aquella mirada divertida y su pícara sonrisa, más propias de una niña que de la persona adulta que era. Recordé rodar escaleras abajo, el intenso dolor que sentí al romperse el hueso y de pronto, la oscuridad. Sin embargo, mi mente no lograba visualizar el motivo, aquello que había provocado todo esto, el desencadenante. Intenté preguntarle a Carmen por lo sucedido, pero el solo gesto hizo que un pinchazo atravesara mi cabeza. Ella se acercó hasta situarse a mi lado y entonces comprendí. La almohada que estaba a punto de posarse sobre mi cara no dejaba lugar a dudas.

1 comentario:

  1. Nos tienes abandonados.
    Queremos más y más ¿tienes algo tenebroso o intriga?

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