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martes, 14 de febrero de 2012

La Última palabra


- He vuelto a soñar contigo. - dijo Diego sin dejar de mirar distraídamente por la ventana. - Pero ya conoces mis sueños, en cuanto me despierto se vuelven borrosos y pierden todo su encanto ¿Crees justo que sea así?
Ella no respondió, seguía observándole con su mirada fría, distante, y Diego pensó que quizá estaba en su naturaleza actuar de aquella forma, pero aún así resultaba molesto. Se dio la vuelta para poder mirarle la cara, tampoco era de su agrado el dirigirse a alguien dándole la espalda, era de mala educación, además de absurdo. Echó un vistazo rápido a la cocina hasta posar sus ojos en el cuerpo que yacía inerte en el suelo.
- Es una lástima que no tenga tiempo de arreglar éste desorden. - continuó - Odio dejar los platos por limpiar y al suelo le vendría bien que le pasara la fregona. Mi madre se sentiría decepcionada, estoy seguro de ello. Se preocupó de enseñarme a ser una persona responsable y aseada, con buenos modales y mira éste desastre. Ella no lo aceptaría, no.
Seguía mirando sin pestañear aquél cuerpo tendido en el suelo de la cocina, sin mostrar emoción alguna, ni desagrado, ni repugnancia, nada.
- Nunca imaginé que fuera a ser así, - prosiguió Diego - me refiero al causante. Resulta ridículo cuando lo piensas detenidamente. No sé, quizá un infarto, una fuga de gas o una de esas enfermedades raras que salen en las series de televisión y que te matan de manera instantánea hubiese sido un final digno ¡pero esto! es vergonzoso. Ya puedo ver en los titulares de mañana la noticia de "muerte por asfixia provocada por una tostada", no es serio, la verdad.
Finalmente ella se acercó hasta la ventana donde estaba Diego y se puso a su lado. Ahora veía en la cara de él una emoción, una mezcla entre expectación y vergüenza que tal vez nunca hubiese experimentado con anterioridad. Puso su mano sobre su hombro y ambos se quedaron un rato contemplando la escena. Finalmente, ella le habló.
- Vamos, aquí ya no hacemos nada - y preguntó -¿quieres decir unas palabras?
Diego no pudo reprimir una última mirada al que había sido su cuerpo, ahora sin vida, que descansaba sobre el frío mármol en una postura un tanto cómica y junto a el estaba el culpable de aquella situación. Ante tal visión, sólo fue capaz de articular una palabra.
- Adiós - dijo e hizo un gesto de asentimiento para que ella, la muerte le guiara hacia su nuevo destino, que esperaba, careciese de momentos tan bochornosos como éste.

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