-
He vuelto a soñar contigo. - dijo Diego sin dejar de mirar
distraídamente por la ventana. - Pero ya conoces mis sueños, en
cuanto me despierto se vuelven borrosos y pierden todo su encanto
¿Crees justo que sea así?
Ella
no respondió, seguía observándole con su mirada fría, distante, y
Diego pensó que quizá estaba en su naturaleza actuar de aquella
forma, pero aún así resultaba molesto. Se dio la vuelta para poder
mirarle la cara, tampoco era de su agrado el dirigirse a alguien
dándole la espalda, era de mala educación, además de absurdo. Echó
un vistazo rápido a la cocina hasta posar sus ojos en el cuerpo que
yacía inerte en el suelo.
-
Es una lástima que no tenga tiempo de arreglar éste desorden. -
continuó - Odio dejar los platos por limpiar y al suelo le vendría
bien que le pasara la fregona. Mi madre se sentiría decepcionada,
estoy seguro de ello. Se preocupó de enseñarme a ser una persona
responsable y aseada, con buenos modales y mira éste desastre. Ella
no lo aceptaría, no.
Seguía
mirando sin pestañear aquél cuerpo tendido en el suelo de la
cocina, sin mostrar emoción alguna, ni desagrado, ni repugnancia,
nada.
-
Nunca imaginé que fuera a ser así, - prosiguió Diego - me refiero
al causante. Resulta ridículo cuando lo piensas detenidamente. No
sé, quizá un infarto, una fuga de gas o una de esas enfermedades
raras que salen en las series de televisión y que te matan de manera
instantánea hubiese sido un final digno ¡pero esto! es vergonzoso.
Ya puedo ver en los titulares de mañana la noticia de "muerte
por asfixia provocada por una tostada", no es serio, la verdad.
Finalmente
ella se acercó hasta la ventana donde estaba Diego y se puso a su
lado. Ahora veía en la cara de él una emoción, una mezcla entre
expectación y vergüenza que tal vez nunca hubiese experimentado con
anterioridad. Puso su mano sobre su hombro y ambos se quedaron un
rato contemplando la escena. Finalmente, ella le habló.
-
Vamos, aquí ya no hacemos nada - y preguntó -¿quieres decir unas
palabras?
Diego
no pudo reprimir una última mirada al que había sido su cuerpo,
ahora sin vida, que descansaba sobre el frío mármol en una postura
un tanto cómica y junto a el estaba el culpable de aquella
situación. Ante tal visión, sólo fue capaz de articular una
palabra.
-
Adiós - dijo e hizo un gesto de asentimiento para que ella, la
muerte le guiara hacia su nuevo destino, que esperaba, careciese de
momentos tan bochornosos como éste.
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