¿Me
engañó o me dejé engañar? Aún no lo sé. Lo que está claro es
que utilizó todos los medios de los que disponía para llamar mi
atención. Y funcionó. Todavía perdura el dulce aroma, la hermosa
visión de su silueta, el sabor...
Caí,
a pesar de saber lo que vendría después, caí. El instinto quedó
absolutamente anulado por el deseo y no quise escuchar a esa
vocecilla interior suplicando que me alejase, que pedía a gritos que
saliese corriendo en la dirección opuesta. Ahora es muy tarde para
lamentarse y únicamente me queda aceptar que fué más lista que yo,
que sus armas de persuasión eran demasiado perfectas y mis
debilidades excesivamente obvias.
Sólo
queda esperar el desenlace de la historia, inevitable y fatídico. Mi
cuerpo se descompone y no puedo hacer nada para evitarlo. He caído
en ésta trampa mortífera, disfrazada de bella flor, como el insecto
que soy. Las alas ya se han disuelto y pronto las seguirá el resto
de mí.
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